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El personaje ante el autor: Marcial Lisón en caída libre, por David Jiménez el Tito

21 Diciembre 2018 |

Por si todavía no conoces a Marcial Lisón, el protagonista de Muertes de sobremesa, Inspector Solo y No es tiempo de peros, le hemos pedido a su creador, David Jiménez el Tito que nos haga un esbozo de su personaje. Marcial es un tipo listo, abrupto y corajudo, que en esta tercera entrega de la serie desciende a los infiernos ¿para caer definitivamente en ellos o para encontrar la redención? Tendrás que leer la novela para descubrirlo.

Marcial fue una policía normal hasta que el asesino del café se cruzó en su camino. Aquel febrero del noventa y cinco convirtió a una persona con cierta dificultad para relacionarse en un auténtico misántropo, un lobo solitario que ha sabido suplir a la perfección sus carencias afectivas gracias a su inseparable galga. Sola se ha convertido en el epicentro de su universo, un universo que comienza a tambalearse cuando, dieciocho años después, Marcial tiene que enfrentarse, otra vez, a su peor pesadilla.

Desenterrar el pasado nunca es buena idea, máxime cuando uno se ha preocupado, sobremanera, de soterrarlo tras varias capas de rencor e inquina. Lidiar con el regreso del asesino en serie que le arrebató todos sus sueños solo es el comienzo de una vorágine autodestructiva que le revelará que ni siquiera sus recuerdos de la infancia le pertenecen. Descubrirá que está realmente solo.

Solo con Sola.

Solo ante un mundo que no se atreve a mirarlo a los ojos.

Solo ante la aparición de una compañera que cuestionará sus firmes convicciones sobres las relaciones interpersonales.

Solo ante un afamado empresario que le mostrará el verdadero significado de la palabra «poder».

Solo ante la incuestionable evidencia de que el dinero es el motor del odio.

Y de un viaje así difícilmente se sale indemne. Marcial no es la excepción. Y con esa luctuosa perspectiva del mundo deberá afrontar el peor de los envites: demostrarse a sí mismo que Zoe, esa compañera que pusieron a su lado para investigar al asesino del café, no es una piedra en su zapato, un obstáculo más en su errático vagar, sino parte de su camino. Y así, parapetado tras una mirada torva y con una coraza pétrea sobre el corazón, Marcial comprobará que el hado siempre está a tiempo de cobrarse una víctima más, de confirmarle que hay quien ha nacido únicamente con el firme propósito de fracasar en la vida.


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