La paja mental de Dante
Julia Amador Fernandez - Narrativa - 0 Comentarios - Puntuación: 20 puntos (VOTAR)
 
Me desperté después de una de las fiestas del garaje de Hipólito, estaba en una cama, no era la mía, no me acordaba de mucho, algunos movimientos, algunos vestidos, algunas sonrisas, algunas partes de algunas canciones, de la estatua de yeso, tal vez era Gloria, o tal vez es que me estoy volviendo loco...

Pero no sé... Tal vez… aún estaba en esa fiesta llena de mis amigos locos, que bailaban, reían, hablaban y ahora dormían en el suelo sucio del garaje. Efectivamente, aún estaba ahí. Arriba del todo. Me asomé, todo había acabado, y yo tenía que pensar en estudiar para el examen de mañana, sinceramente, no tenía ganas, como nadie. Pero yo estaba realmente apartado de ese examen, tal vez si nos lo hubiésemos propuesto nadie haría el examen, podría proclamarlo desde ahí arriba, decir ¡viva la banalidad y nuestra fiesta¡ Ojalá nunca acabase, era consciente de que no era nada especial comparado con las selectas fiestas de los famosos, pero para mi todo era sencillamente perfecto, como ese beso con la estatua que estaba levantándose a mi lado lentamente con su vestido atemporal, me miró con sus ojos almendrados y se apoyó en mi hombro mirando lo que quedó de la fiesta.

-Tenemos examen mañana.

Le hice una media sonrisa y negué con la cabeza. Tal vez quería convencer o mentir como lo hizo en su tiempo Orson Welles anunciando la guerra de los mundos. Pero no. Yo no era ni tan listo ni persuadiría a nadie con mi acción egoísta. Resignado bajé de ese tejado y la ayudé a ella a bajar. Casi todos estaban dormidos, y la música estaba a un volumen bajísimo. Gloria fue a por nuestras chaquetas, y yo abrí la puerta del garaje dejando entrar la luz y el frío de la primera hora. Algunos abrían los ojos y se asomaban por los sofás. Proclamaban buenos días apagados y somnolientos, en silencio fueron también a por las chaquetas.

Salí fuera, encendí un cigarro y me quedé apoyado mirando el cielo aún rosado. Salía más gente y hablaban en voz baja adormilados. Ella vino y me dio un beso, mi cazadora y una de sus arrebatadoras sonrisas.

-Dios... yo no sé cómo voy a estudiar hoy para el examen de mañana. -El que rompía el silencio diciendo algo que me tornó a la realidad era Aarón con su aire de chico despreocupado y algo insignificante. Nadie contestó, todos se limitaban a mirarse los pies y a resoplar, las chicas comenzaban a quitarse los zapatos de tacón y a sentarse en los balcones de las ventanas.
-¿Y por qué no pasamos de ir?... Ya iremos a la recuperación.
-Dante…No dejes para mañana...
-¿Lo que puedes hacer dentro de 2 semanas? Venga, vamos a mi casa, alquilamos una peli o algo... si mis padres no están.
-Buff... es que no sé...
-A ver… Nadie tiene ganas de hacer el examen Dante, pero… creo que tendrías que estudiar hoy.

¿Por qué tienen que ser todos tan perfectos y aplicados? Me hacen sentir bastante vago e inútil.

-Pues eso… quien quiera… Ya sabe…
Todos se encogieron de hombros, incluso los que antes se habían planteado por un segundo no asistir al examen.
-Perfecto, entonces… Que os vaya bien. Creo que me voy a ir en el próximo tren a Barcelona para… Despejar las ideas.
-Dios, Dante… Estás hecho un bohemio.

Tal vez sí, o tal vez solo soy un vago.

-En todo caso, este bohemio se va a estudiar el café y los paseos eternos por el barrio gótico, y no creo que mañana vaya al instituto.
Ya veía como me miraban algunos, otros ni me miraban, la única mirada que me intrigaba era la de Gloria, estaba bastante distraída por encima de mi hombro.
-¿Y tú qué crees? ¿Soy un bohemio? -Le dije en tono divertido sosteniendo su barbilla.
-No, creo que eres un vago. Que te lo pases bien por Barcelona.
-Eso es lo que yo quería oír, mi pequeña Gloria.

Con un beso y un cigarro me despedí de todos dejándolos atrás con sus trajes y vestidos de fiesta, mientras se marchaban a una muerte segura de estudio intensivo.

Llegué al tren en 5 minutos y encendí mi cacharro de música, dejándolo en aleatorio, siempre me sorprende que el aleatorio me conozca mejor que yo. Comenzó a sonar un tema que hacía mucho que no oía, Montescos y Capuletos de Sergei Prokofiev, la verdad es que la fuerza de esa canción era como un chute de adrenalina por mi cuerpo, cerré los ojos y sentí la velocidad, la goma del suelo y el intenso olor que emanaban los chicles de las chicas que a mi lado hablaban tranquilamente de algo que no me paré a escuchar, solo eran un murmullo tras mi banda sonora. De pronto algo o alguien me sacudió por el hombro.
Abrí los ojos, era un desconocido personaje el que me miraba escudriñándome de cabo a rabo.

-¿Dante Montés? ¿Eres tú?
Las chicas del chicle que hablaban sobre algo nos miraron, como si de un show se tratase.
-Pues la verdad es que sí… ¿Por qué sabes quien soy?
La chica levantó una ceja y sonrió pícaramente, no era muy alta, la verdad es que era realmente bonita y sus bucles dorados rozaban su cara constantemente. Llevaba un vestido negro de flores rojas y un anorak verde que parecía de esquimal, tenía unas pintas algo excéntricas pero no dejaba de ser muy mona.
-La verdad es que sé de algo que te hará recordar. Dame tu mano.
Le ofrecí mi mano muy extrañado.
-No Dante, la derecha no, la izquierda.
Le ofrecí mi mano izquierda… Y me señaló la marca que me hizo Beatriz mordiéndome cuando éramos pequeños.
-Dios mío, soy Beatriz. ¿O es que tampoco te acuerdas de quién es Beatriz? Sí, esa amiga de toda la vida que cuando te fuiste del pueblo te dejó un recordatorio en el dedo mordiéndote.
-Y veo que sigues delirando como cuando eras pequeña…
No me podía creer que la pequeña Beatriz se convirtiese en este tipo de chicas, era la típica inalcanzable, preciosa, obviamente siempre fue muy inteligente y artística… Era una chica perfecta.

Las chicas del chicle se levantaron para bajar, aunque se quedaron agarradas de la barra del tren haciendo “plopsh” con sus chicles, eran un poco desesperantes, tenían un aspecto de niñatas que no me gusta nada en las chicas, Beatriz ocupó su sitio enfrente de mí.

-Bien… y… ¿Qué ha hecho la vida de ti Dante? Dijo fingiendo melodrama, hay cosas que no cambian y ella siempre ha sido la reina del drama y de la comedia.

-Bueno, la verdad es que mi vida es lo que se diría… Un poco aburrida, lo típico, mis amigos, acabar el instituto, salir de fiesta… Pero bueno, lo mío es pesado y predecible, háblame de ti. Intenté imitar su tono.

-¿Qué ha hecho la vida de ti Beatriz?
Ella se encogió de hombros y se apoyó con el codo en la pared y con su mano revolviendo sus bucles.

-Pues… Ahora, estoy viviendo en Barcelona, aunque a veces bajo a Sabadell, me están haciendo un hueco en una galería de arte joven, y expongo unas pinturas que estuve haciendo hace 7 meses.

Me quedé perplejo, la pequeña Beatriz con 16 años ya tiene carrera artística. Es…
-Insuperable.
-¿Insuperable?
Me miró como burlándose de lo que le había dicho, como quitando importancia a la persona en que se había convertido.
-Sí… Excepcional, tienes 16 años, y ya has conseguido algo así… Quiero ir a una exposición tuya.
-Si quieres puedes venir a mi estudio, si no tienes nada que hacer. Está por la calle Pelayo, delante de la Fnac de plaza Cataluña.
-Claro… ¿Sabes que? Mañana tengo un examen, y no pienso ni presentarme, tú… no tienes esas preocupaciones, estás aquí con tu arte y supongo que ya eres más feliz que nadie.
-No creas… He tenido suerte, he conocido a las personas indicadas y les he enseñado mis obras indicadas… Nada más.


Bajamos del tren y fuimos directos a comprar café a un Starbucks, ambos somos unos cafeinómanos por lo que me ha dicho ella, comenzaba a hacer mucho frío así que nos aproximamos y fuimos sosteniendo el café caliente en una mano y nuestras manos frías en la otra. De pronto cayeron unas gotas en nuestras caras. Nos miramos y nos sonreímos, comenzamos a correr, yo detrás de ella, siguiéndola entre la gente y la lluvia que cada vez era más abundante. Cerré los ojos un instante. Tal vez sí que estaba loco… y lo que veo es lo que quiero ver. Abrí los ojos y ella me sostenía fuerte de la mano mientras corríamos y nos refugiamos en un portal.
- Ya estamos en casa.
Dijo con una sonrisa radiante
Subimos las escaleras y nos quitamos las chaquetas dejándolas en la barandilla de la escalera.
- ¿Todo esto es tuyo?
- Sí bueno… Y de otros pintores pero el primer piso es mío. Venga, entra.
La verdad, ya no sabía si creer a mis sentidos o a mi sentido común. Entré en el mundo de Beatriz, dónde las paredes eran lienzos de sus personajes vivaces y extraños que luchaban para entrar al mundo real, creí verme pintado, desesperado por entrar en la vida de Beatriz.
Su cama era un diván con las sabanas y parte de su ropa revuelta, su techo era un mundo donde los recortes de revistas y telas se convertían en una obra de arte, todo el estudio estaba lleno de figuras de yeso, había una en concreto preciosa, se parecía mucho a Beatriz, me acerqué a ella y le rocé el perfil.

-Tu casa es imposible, nadie vive en un sitio así.

Beatriz, algo disgustada, se tiró sobre su diván.
-Si no te gusta puedes irte por dónde has venido.
-Pretendía ser un cumplido Beatriz, esto es… como un sueño, la verdad, me ha impresionado.
-¿Estás saliendo con alguien?
-¿A qué viene eso? Dije sonriendo.- ¿Acaso te importa mucho?
-No, tan solo es curiosidad.
Por unos segundos pensé en mentir, la verdad es que Beatriz era todo lo que deseaba en una chica, todo lo que buscaba en una vida monótona como la mía. Y Gloria, era… bueno, era Gloria, estaba con ella desde que tenía 15 años… Pero… no era lo que necesita mi mundo. Mi mundo necesita a alguien como Beatriz.
-¿Te estás pensando qué me vas a decir o qué?
-Algo así… Creo que me gustas. Mucho.
-Ah… Pues no sé, si eso es lo que crees, a mí me parece bien.
Contrariado por el cúmulo de nervios y de nuevas sensaciones que estallaban dentro de mí comencé a hablar algo desconcertado.
-Puede ser que mi mente me esté montando otra jugarreta, una de sus comedias en las que parece que todo el mundo se ríe de mí menos yo, la divina comedia que se monta mi mente…
-Eres un paranoico, Dante…

Beatriz se acercó despreocupadamente hacia mí y me dio un beso, sin tensiones sin pretensiones, naturalmente un beso que me estaba fundiendo el cerebro y los labios.

Ahora de verdad ya había ascendido hasta a la cima sin pena ni Gloria.

Extrañado y contrariado con mis anteriores pensamientos me aparté bruscamente de ella y después simplemente yo…

Me desperté después de una de las fiestas del garaje de Hipólito… O puede ser que no… que tal vez esté en mi cama… No me acuerdo de mucho, de algunos movimientos, de un vestido, alguna sonrisa, alguna parte de alguna canción, de la estatua de yeso, tal vez era Beatriz.
Ya lo recuerdo…
No es que me esté volviendo loco…
Es que los Dante ya nacemos locos, y soñamos en vida, buscando a Beatriz en nuestras tontas pajas mentales.
Le doy a este relato
puntos
No existen comentarios
 
Usuario    
Clave
   
Comentario
     Introduce el código
 
 
 
Descarga el wallpaper de Meridian

El callejón de la medianoche (Caine, Rachel) - Juvenil
El callejón de la medianoche
Autor: Caine, Rachel
Las chicas malas no mueren (Alender, Katie) - Juvenil
Las chicas malas no mueren
Autor: Alender, Katie
Mi nombre es Ella (Peterson Haddix, Margaret) - Juvenil
Mi nombre es Ella
Autor: Peterson Haddix, Margaret
El caso de la dama zurda (Springer, Nancy) - Juvenil
El caso de la dama zurda
Autor: Springer, Nancy
La Ciudad Esmeralda (Briggs, Patricia) - Romántica
La Ciudad Esmeralda
Autor: Briggs, Patricia
Meridian (Kizer, Amber) - Juvenil
Meridian
Autor: Kizer, Amber

Tuenti y Twitter de Versátil

Facebook de Versátil

Al llegar la primavera
El Hada Lectora
Encantamiento de luna
Azahara Libros y Música
Encantamiento de luna
Be Literature
La Maldición de las Musas
K de Fantastikas
La Ciudad de la Bruma
El cementerio de los libros olvidados
La Ciudad Esmeralda
Cazadoras del romance
Guía de Jessica para ligar con vampiros
La Biblioteca de Korranberg
Perryn y la Profecía del Mago
Fantasymundo
David Sánchez Mayor
Hay que vender la barca y cerrar esta casa. Éstas serán las últimas Navidades aquí.
Laura López Alfranca
Se rió al pensar en que su hermano y ella se dedicaron durante varios días a sacar las canciones como podían, para poder cantarlas durante el concierto...
Laura López Alfranca
Otro golpe, ya sólo quedaban diez, cuando llegaran a uno… ¿qué ocurriría? ¿Por qué estaba allí?
Víctor González
Se paró en seco. El corazón comenzó a acelerar dándole la sensación que quería salirse del pecho.
Valentina Dorzi
¿Qué vas a hacer si no te quiere? ¡No me digas que consideraste arrastrarte a sus pies!
Ver todos los Relatos - Envia tu Relato
 
Twitter de Versátil Tuenti de Versátil