Oscuridad
Roxana Hidalgo Romero - Terror - 0 Comentarios - Puntuación: 0 puntos (VOTAR)
 
Era una noche oscura, no se veía ni la luz de la luna, y las calles de Barcelona estaban desiertas. Ni un coche, ni una persona... nada.

En un piso, cerca de la Rambla, vivía una chica morena y de profundos ojos azules, que dormía placidamente sobre una mullida cama de matrimonio. Se llamaba Samantah y tenía 18 años. Acababa de empezar su primer año de universidad y estaba estudiando criminología junto a su mejor amiga Sandra, que, al igual que ella, era morena pero de ojos marrones que solo con mirarlos transmitían todo el amor que tenían en aquel momento. Sandra vivía en el bloque de pisos de enfrente.

A Samantah nada podía romperle el sueño, pero, aquella noche, un ruido que provenía del salón la despertó. Asustada, se incorporó en la cama, aún somnolienta, bostezó y mientras se acarició los ojos.

Otro ruido la volvió a asustar, despertándola por fin. Apartó las sabanas de sus piernas y se levantó, dirigiéndose al salón. Intentó encender la luz del pasillo, pero ésta no se encendía. Maldijo por lo bajo mientras volvía a su habitación a buscar la linterna que descansaba en su mesilla.

Una vez con linterna en la mano, la encendió y se dirigió de nuevo al salón. Una vez allí señaló todos los rincones del salón para ver lo que había producido el ruido, pero nada. Ya, un poco más tranquila, se giró y, cuando iba a irse por el pasillo, sintió una presencia detrás de ella.

Se giró, precipitadamente, "asustando" a la sombra. Samantah volvió a alzar la linterna, que en aquel momento se quedó sin pilas. Maldijo a la linterna y, cuando levantó la mirada, la sombra se movió rápida por la estancia.

-¿Quién eres? -preguntó ella con voz temblorosa. Pero no hubo respuesta-. ¿Que haces aquí?

Siguió sin obtener respuesta.

La vista se le fue acostumbrando a la oscuridad y pudo distinguir que la sombra se trataba de un joven con una hermosura inhumana. Era moreno, de ojos verdes que brillan con luz propia y con unos labios carnosos que incitan a besarlo. En su rostro se dibujó una sonrisa maligna que atemorizó a Samantah y dio un paso atrás. El desconocido acortó la distancia y sin previo aviso la abrazó por la cintura.

Samantah se quedó paralizada ante ese gesto. No podía moverse.

El desconocido acercó su rostro al cuello de ella y lo olió, cosa que hizo que sus preciosos ojos verdes se volvieran más negros que el carbón. Acto seguido lamió el cuello de Samantah, haciendo que ella se estremeciera, y sacó sus colmillos, que los fue acercando cada vez más al cuello de ella.

Samantah sintió los colmillos fríos de él y se asustó más -si eso era posible-. Quería apartarse, pero no podía. Algo no la dejaba moverse.

Él empezó a hacer fuerza para penetrar la piel y...

-¡Samantah! -Sandra entró en la habitación encendiendo la luz, haciendo que el desconocido cayera al suelo en un estado de shock.

-¡Sandra! -susurró Samantah, aún asustada-. ¿Que haces aquí?

-¿Que qué hago aquí? Me has asustado -dijo casi al borde del llanto. Fue corriendo hasta donde estaba su amiga y la abrazó con fuerza-. Me he despertado de golpe, por mi sexto sentido, y al mirar por la ventana, ver un minúsculo punto de luz y una sombra, he salido corriendo de mi casa para ver que pasaba -aclaró llorando.

Sandra había nacido con un sexto sentido increíble. Era capaz de sentir las cosas antes de que pasasen. Algo que a Samantah la asustó al principio.

-No pasa nada -dijo ella devolviéndole el abrazo y con lágrimas en los ojos-. Estaba muy asustada -admitió.

-¿Y por qué no lo has apartado? -preguntó Sandra entre sollozos.

-No lo sé, era como si no pudiese moverme...

Se quedaron largo rato abrazadas, mientras intentaban parar de llorar.

Mientras tanto, el extraño, ya empezaba a tener conocimiento de nuevo. Levantó la mano y se frotó los ojos, que le dolían por la intensidad de la luz.

-¡Auh! -se quejó, asustando a las chicas.

Rápidamente se separaron y se giraron para ver al chico.

-¿Quién eres y que haces aquí? -preguntó Samantah al borde de la histeria.

-Soy un vampiro, me llamo Víctor, y he venido a cazarte.
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