El Canto de los Cuervos
Luis López Ortiz - Fantasía - 0 Comentarios - Puntuación: 40 puntos (VOTAR)
 
Éramos muchos; y partíamos a la batalla.
Estaban todos, Los Jabalís, Los Osos, Los Lobos, que, cómo no, portaban sus feroces pinturas de guerra, sonreí al verlos, Los Alces, serenos y orgullosos, Los Arañas, sigilosos y tan venenosos como su propio nombre indicaba, Los Pumas; se movían en lo alto explorando el terreno con agilidad, Los Elementales, sus dos metros y sus martillos resultaban muy intimidatorios. Eran muchos y nosotros, Los Cuervos, los acompañábamos. Nos identificarás por el tatuaje que nos ocupa el hombro derecho hasta la parte inferior de la mandíbula, simboliza un Cuervo volando, repetí mentalmente nuestro lema, al son de los tambores de guerra.
“El Canto de los Cuervos es el presagio de la Muerte”.
Sonreí.
Canté con mis hermanos y bebí cuando una bota de vino tomó consistencia en mi mano. Notaba ansia y nerviosismo. Aplaqué el nerviosismo, un Cuervo no necesita más que tres cosas:
Lealtad a su familia y a sus amigos.
Honor.
Ansia de Sangre su enemigo.

Sonreí de nuevo.
-¡REJTAK AU SINFRUDI!-Grité con fuerza en nuestro antiguo idioma.
Mis hermanos corearon mi grito y el resto de nuestros aliados, impelidos por una desbordante necesidad, gritaron a su vez. Varias aves se vieron sorprendidas y alzaron el vuelo buscando una zona de descanso más silenciosa. Deseé que la encontraran sin distraerme más en ellas.

Pronto la noche acudió a nuestro mundo, cubriéndolo de oscuridad. Me sentí aliviado, yo soy un Cuervo, la noche es mi elemento, nada puede vencerme en él; he ahí uno de los lemas de mi gente. Sonreí pero esta vez mi sonrisa reflejaba algo de pena.
-Ten -me dijo una voz.
Alcé mi mirada y me encontré a mi mejor amigo, Yuzui, tendiéndome un cuenco de guiso. Lo cogí agradecido.
- Eres un romántico-me dijo.
- ¿Ah, sí? ¿Qué fundamenta esa hipótesis?
- Que eres idiota.
- Cierto.
Rió y se sentó a mi lado.
Comimos en silencio. Él terminó antes y, como siempre, sacó una botella de los pliegues de su ropa.
- ¿Hace?-pregunto agitándola en mi dirección.
- No, gracias.
- Tú mismo-se encogió de hombros y bebió.
Pasaron algunos minutos, no sé cuántos, pero el ambiente se relajó. Probablemente muchos escogieron ese momento para descansar en aras de lo que estaba por venir. Me sentí somnoliento; me froté los ojos con fuerza para evitar dormirme y seguí con mi turno de vigilia.
- El chico estará bien- dijo Yuzui a mi lado.
- Temo por él.
- Apenas acaba de nacer, dale tiempo para meterse en líos antes de temer.
- Tus gemelos apenas tienen un año ¿Me quieres decir que no compartes mi situación?
Calló, oscureciendo su gesto. Desvié mi mirada.
- Lo sabía.
- Tú siempre lo sabes todo.
- Lo sé.
- Imbécil.
- Estúpido.
- Payaso.
- Impotente.
- Eso es un golpe bajo y lo sabes.
- Claro que es un golpe bajo, dado de lo que estamos hablando.
- Tú y tus hablares raros-dijo Yuzui bostezando con estruendo y alzando los brazos para estirarse.
- A Callar-ordené, dándole un golpe en la cabeza.
- Lo siento- respondió con presteza frotándose la zona golpeada.
Permanecimos de nuevo en silencio; respiré hondo, embriagándome del húmedo aire nocturno, y observé el vaho que mi aliento exhalaba.
- ¿Qué nombre le habéis puesto?- preguntó Yuzui suavemente.
- Uier-respondí.
Pareció reflexionar un momento.
- Pues es un buen nombre.
- ¡Claro que es un buen nombre! ¿Qué insinúas?
- Nada, nada, no te sulfures por tan poca cosa.
- Son los nervios.
Observé la transformación de sus rasgos.
- No debes tener esa clase de sentimientos. Somos Cuervos, conocidos por nuestra disciplina.
- Blablabla, me se la teoría mejor que tu.
-Tú lo sabes todo.
- Te repites- indiqué suavemente.
- En ese caso me iré a dormir, voy a buscar nuestros relevos.
- Esperaré mientras llegan.
Oí cómo se levantaba y se iba, haciendo crujir la tierra bajo su calzado. El silencio me envolvió de nuevo, mis sentidos se agudizaron y oí a mis compañeros respirar acompasadamente. Osen, un viejo conocido, se hallaba a mi izquierda, hablando en sueños, no cejaba de repetir algo que sonaba como <<La Pasta, La Pasta>>; sonreí ampliamente, Osen era, desde luego, incorregible.
Llegaron dos compañeros, hice un gesto de saludo y me levanté maldiciendo los crujidos de mis huesos al tiempo que andaba no muy lejos. Deshice mi petate y desenrollé una manta, me acurruqué bajo ella y sin darme cuenta, me dormí.


Desperté, o tal vez de repente tomé conciencia de que no estaba dormido, sea como sea me desperecé y acallé a mi estómago con sendos bocados de carne y pan, amén de algo de agua que alguien sabiamente había recogido de un río cercano. Nuevo día y nueva puesta en marcha. Esta vez no hubo tambores, el ánimo estaba adormilado por el momento. Caminé con pasos rápidos y me situé a la cabeza de la columna con los otros miembros de mi Hermandad. Se nos había asignado la vigilancia de vanguardia. Rápidamente formé un grupo de cuatro personas y me lancé a recorrer los bosques en rápidas carreras y silenciosas caminatas. De vez en cuando uno de nosotros era enviado a transmitir un mensaje y otro de alguno de los otros grupos cercanos lo suplantaba, yo mismo pasé por varios grupos en diversas ocasiones y gracias a eso pude obtener un esquema general de la zona, cuya precisión creía bastante fiable. Mis cavilaciones se vieron interrumpidas cuando oí un ruido. Rápidamente eché mano a mi arco, calcé en él una flecha y apunté hacia la espesura que se abría ante mí esperando cualquier tipo de señal. Una patrulla salió con un cautivo, asentí en dirección a mi aliado y continué con mi exploración sin detenerme, pues el prisionero sería interrogado y asesinado sin dilación. En tiempos de guerra es nuestro procedimiento y lo cumplimos sin vacilar.

- Hemos llegado.
Me giré hacia la voz e identifiqué a su portador como un miembro de los Arañas.
- ¿Aquí termina el bosque?-aventuré dubitativo.
- En efecto-me respondió él.
- ¿Has visto a los de mi grupo?
- Los Cuervos se están reuniendo hacia la zona oeste- inclinó la cabeza a un lado como si escuchara-. Debo irme.
- Bien- dije asintiendo-. Suerte y gracias- salí corriendo en la dirección que él me había señalado.
- Igualmente-respondió a mi espalda.
Corrí y de camino me encontré con varios de los míos. Vi que cubrían sus rostros con las capuchas de sus capas y les imité. Fuimos remolcando cada vez más hasta que nuestro grupo alcanzó los ciento diez y entonces por fin llegamos. Yuzui se erguía observando el baldío que se extendía más allá del linde del bosque. Me miró.
- Observa Edmond- me dijo, y señaló ante él.
Eso hice.
Y quedé asombrado.
- ¿Cuántos pueden llegar a ser?-musité.
- Muchos sin duda.
- Pues salgamos a su encuentro-dije súbitamente enfurecido, saltando con agilidad por el pequeño acantilado sobre el que habíamos ido a parar.
Imaginé, aunque no pude ver, la sonrisa complacida de Yuzui.
- Bien dicho- dijo saltando detrás de mí.
Y los Cuervos le siguieron.

Una mujer que amamantaba un bebé, muy lejos de los Cuervos, alzó la cabeza, alerta, después la dejó caer....lentamente....miró al bebe.
Y una lágrima surcó su rostro.





- ¡A FORMAR! ¡ORDEN, PICAS AL FRENTE, ESPADACHINES Y ARQUEROS DETRÁS!
Formamos tal como se nos ordenó; Los Cuervos nos hallábamos situados en el cuerpo central del ejército, tal vez algo desviados a la izquierda.
- Doscientos mil a lo sumo- informó Yuzui a mi derecha con voz serena.
- ¿Y nosotros?- pregunté girando la cabeza hacia él sin mirarle.
- Tenemos suerte si llegamos a los diez mil.
- Maldición.
- No puedo estar más de acuerdo.

Sus estandartes reflejaban un huron a rayas blancas y negras que, bajo una de sus patas, tenía una esfera, azul. Esa esfera contenía una corona blanca, como blanco era el fondo de la imagen, bordeado con hilo rojo todo ello.
- Así que era cierto- musité- El imperio de Edos marcha a la conquista, joder, ¿no tenían bastante territorio que tenían que jodernos el nuestro?
- No te sulfures, conserva energías.
Sonreí.
- El mundo definitivamente se ha vuelto loco. ¿Tú me dices a mí que me sosiegue? Vamos a acabar mal.
Rió.
- Tranquilo, huirán nada mas verte, es lo bueno de ser feo.
- El que ligaba era yo, tú solo acosabas a las chicas, a partir de eso... ¿Quién debemos suponer que es el mas agraciado?
- Yo.
- Efectivamente.
Reímos.

Sonaron llamadas de cuernos, las filas de los Edoanos abrieron y una figura de armadura blanca perlina y capa negra como la medianoche avanzó en un caballo, también blanco. Yuzui rió por lo bajo al verlo.
- Eso es sentir los colores ¿Eh?
- Chsss cállate- le insté.
Una figura toda vestida de marrón salió de nuestras filas, escoltada por dos miembros de los Elementales.
- ¿Qué comerán esos hombres para tener semejante tamaño?- preguntó en voz baja alguien detrás de mí.
- Lo que tú en tres meses. Ahora, cállate- le respondió otra voz.
Entrecerré los ojos para observar el encuentro. Note la tensión en el ambiente. Seguramente habría palabras duras por parte de nuestro representante y arrogancia y altivez por parte del Edoano; es lo malo de tratar con gente de grandes ciudades, te ven como a un ignorante.
El Edoano se giró y volvió a sus líneas.
Nuestro parlamentario volvió hacia nosotros y cuando ya estaba muy cerca de nuestro frente gritó sin detenerse:
- ¡GUERRA!

Gritamos e hicimos sonar los cuernos y tambores. Fueron entrechocados armas y escudos. La sangre nos hervía, queríamos sangre y no tardaríamos en obtenerla.

Un Sonido como un trueno inundó el espacio y el ejército de Edos comenzó su marcha. El suelo pareció temblar a su paso, pero nos repusimos y disparamos flecha tras flecha. Su vanguardia cayó, pero ya habían recortado parte de la distancia. Seguimos, parecían eternos y ellos también tenían flechas. Uno de nuestros Cuervos murió con una flecha en un ojo, encolerizados aumentamos el ritmo y finalmente los frentes chocaron.
Un soldado cruzó ante mí, me miró, desorientado.
- AGÁCHATE- le ordené.
Calcé una flecha en mi arco y disparé. Un soldado Edoano cayó muerto.
- Gracias- dijo el soldado acercándose a mí-¿Dónde están los del Clan de los Alces?
- Por allí- señalé-. No sé a cuánta distancia.
Asintió.
- Valor y fuerza- me deseó.
- Valor y fuerza- le respondí.
Otro Edoano surgió ante mí sin darme tiempo a desenvainar siquiera una daga; afortunadamente la punta de una espada surgió de su cintura y cayó muerto
- Muy mal, muy mal Edmond hay que más atento.
- Gracias Yuzui- respondí observando las manchas de sangre de su ropa-Por lo que veo ya te has estrenado.
- ¿Yo? Hace tiempo amigo.
Hice una mueca.
- Siempre llevándolo todo hacia ese terreno. Nunca cambiarás.
Desenvainé mi espada en la mano izquierda y una daga de considerables proporciones en la derecha.
- ¿Por qué siempre esgrimes la Daga en la mano derecha?- preguntó Yuzui
- Porque la velocidad la tengo en esa mano.
- Velocidad... entiendo-murmuró.
- ¿Qué insinúas?
- Nada, nada.
Cargamos. Me agaché contorsionando mi cuerpo para esquivar un mandoble que iba dirigido a mi cabeza y avancé, dejándole ese enemigo a Yuzui, apoyé una mano en el suelo y di una patada en el tobillo al enemigo más próximo. Éste cayó y Yuzui lo mató clavándole la espada en la espalda. Me levanté y lancé mi daga contra el enemigo que más cerca tenía, le acerté en la nuca y murió al tocar el suelo. Corrí sin detenerme y recuperé mi arma, de un salto caí sobre la espalda de otro soldado, le rajé la garganta en cuanto alzó la cabeza para observar qué había chocado contra él.
Caos.
Nuestras líneas aguantaban frágilmente. Observé cómo un Elemental caía muerto. Corrí hacia él mientras su asesino trataba de desincrustar su arma del cadáver. No le di tiempo a que lo hiciera. Seguí moviéndome atacando a mis enemigos de forma que muchos tildarían de deshonrosa, pero una vez inmerso en la lucha lo que primero cae son el honor y el respeto al enemigo. Yuzui pegó su espalda a la mía y comenzamos una danza de acero perfectamente sincronizada matando a cuantos se nos opusieron. En una ocasión me agaché, él giró la cadera y su arma segó la cabeza de mi rival. Nos miramos durante un segundo.
- Gracias-dije con ironía.
Estalló en una carcajada.
Y vuelta a comenzar. Pero el número de soldados aumentaba, nuestros aliados caían y flaqueaban las fuerzas. Recibimos varias heridas Yuzui y yo, hasta que finalmente un arma se coló por nuestras defensas y me atravesó el costado; grité y caí al suelo.
- Edmond ¿dónde te han herido?
- En el costado....izqui...erdo.
Le oí maldecir.
- ¿Es grave?-pregunté.
- Mortal- observé su cara triste y cansada, me colapsé un segundo y comencé a toser. Cada espasmo provocado por la tos me laceraba, grité tan alto como pude.
Yuzui se levantó y atacó al soldado más cercano. Observé cómo su espada caía rota y desmadejada al suelo. El portador era gigantesco, o eso me pareció, su armadura, de extraordinaria factura. Intenté arrastrarme pero apenas me moví nada, conseguí girarme boca abajo, observé el cuerpo inmóvil de Yuzui. Seguía sin poder moverme, me faltaba el aire, sentía mi cara caliente muy caliente, como si una fiebre me abrasase por dentro y al mismo tiempo…un frío mortuorio se extendía por mis piernas y mi costado herido.
- ¡Yuzui!-grité-¡YUZUUUUUUUUUUUIIIIIIII!
Alguien me agarró por la capa y me giró el cuerpo. Vi el reflejo metalizado de un arma acercándose a mi cara.....
Luego ya no pude mirar nada más.
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